En 1543, cuando ya estaba en el  lecho de muerte, el canónigo polaco Nicolás Copérnico pudo ver los primeros ejemplares de su libro sobre Las revoluciones de las esferas celestes. Había retrasado adrede su publicación hasta el momento en que ya no tuviera que afrontar las consecuencias. Aquella obra sugería algo impensable: que el Sol y no la Tierra era el centro del universo. Hablaba de revoluciones, de revoluciones reales en cielo, y representó el inicio de lo que dió en llamarse, metafóricamente, revolución científica. En la actualidad, cuando llamamos revoluciones a los grandes cambios, políticos y de otra especie, rendimos homenaje a Copérnico, cuyo libro sobres las “revoluciones” inició la primera de ellas.

Richar Feynman “La conferencia perdida de Feynman”

200px-De_revolutionibus_orbium_coelestium